The Innovators’ personallity

I’m enjoying very much Walter Isaacson’s “The innovators“, and specially one part about Bill Gates’s early years:

…of them all, Gates was the prime example of the innovators personality: “an innovator is probably a fanatic, someone who loves what they do, works day and night, may ignore normal things to some degree and therefore be view as being imbalanced”, he said. He was (at his early age) also a rebel, with little respect for authority, another typical trait of innovators.

If we have had the chance to cross our way with similar characters, in retrospective it’s cristal clear whether this was the case but… wouldn’t be great if we could learn to identify them in real time, just to leverage the maximum of each interaction with them?!

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This is just a thought that crossed my mind and wanted to share with you, feel free to letting me know if you’ve been there!

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Máquinas pensantes

La inteligencia artificial (IA) ya está aquí. De hecho, está a todo nuestro alrededor. Pero no es, ni cerca, como la esperábamos.

ejemplo de inteligencia artificial

Los centros de logística de Diapers.com (tienda online de artículos de bebe) son un poco más que un lío de cajas y estantes. Hay cajas de muñecos, que están encima de las cajas de pañales, que descansan al lado de las cajas de alimentos para bebés. En una aparente contradicción a la lógica, los elementos similares se colocan en la sala uno al lado del otro. Si una persona estuviera tratando de averiguar cómo  fueron puestos los productos, podría concluir que no ha habido ninguna forma de inteligencia presente en el momento y que se decidió que hubieran cajas por todo el almacén.

Sin embargo, estos almacenes no están hechos para ser entendidos por los seres humanos, sino que se construyeron para los robots. Cada día, cientos de robots atraviesan con una velocidad y una agilidad asombrosas los pasillos, entregando los ítems del almacén a empaquetadores de carne y hueso, que trabajan desde la periferia del almacén.

En lugar de organizar el almacén como podrían haberlo hecho los humanos, colocando los productos similares uno junto al otro, los robots de Diapers.com colocan los elementos en los pasillos a lo largo de toda la instalación. Para completar un pedido, el primer robot disponible busca el elemento pedido que esté más cerca del operario y se lo trae. El almacén es un desplazamiento de masa que vive y respira cada vez que se ajusta a los cambios de datos que ocurren constantemente, como el tamaño y la popularidad de la mercancía, la distribución del almacén, y la ubicación de cada robot.

Creado por Sistemas de Kiva, que ha equipado de forma similar las instalaciones de Gap, Staples y Office Depot, el sistema puede entregar artículos a los envasadores, a razón de uno cada seis segundos.

Los robots de Kiva no parecen muy inteligentes. Pero representan la nueva vanguardia en el campo de la IA, que ya no trata de recrear el cerebro. En su lugar, utilizar el aprendizaje de los ordenadores, la casi infinita cantidad de información disponible, sofisticados sensores y algoritmos inteligentes para conseguir algo más fácil: dominar las tareas cotidianas. La lógica de Google la utiliza para interpretar la creciente cantidad de consultas humanas en sus buscadores. Las compañías de tarjetas de crédito la utilizan para rastrear y encontrar el fraude. Y el sistema financiero la utiliza para manejar miles de millones de transacciones cada día.

Esta explosión de aplicaciones de tareas simples, pero automatizadas, pareciera ser una ironía: podría ser el resultado de la búsqueda, aparentemente inútil, de emular la inteligencia humana. Ese objetivo que se han puesto a sí mismos algunos investigadores y científicos fue tan ambicioso y difícil que algunos perdieron la fe y muchos otros perdieron la financiación.

Se hablaba de un invierno de Inteligencia Artificial (dos períodos en los cuales los temas de IA perdieron interés y recursos, éstos fueron en 1974-1980 y 1987-1993). Pero aun cuando el sueño tradicional de la IA se congelara, uno nuevo estaba naciendo: máquinas construidas para llevar a cabo tareas específicas de manera que la gente simplemente no podía hacerlo. Al principio, sólo había unos pocos brotes de un verde empujando hacia arriba a través de la tierra helada. Pero ahora estamos en plena floración. Bienvenido al verano de AI.

La IA hoy se parece muy poco a su concepción inicial. Los pioneros del campo en los años 50 y 60 años creían que el éxito radicaba en imitar el razonamiento basado en la lógica que los cerebros humanos, se pensaba, utilizaban. En 1957, investigadores predijeron con gran confianza que las máquinas pronto serían capaz de reproducir todo tipo de pensamientos y razonamientos humanos. Pero eso resultó ser tremendamente inalcanzable, en parte porque aun no entendemos muy bien cómo funciona el cerebro, y por ende, no sabemos cómo crearlo.

Así que durante los años 80, los estudiantes de postgrado comenzaron a centrarse en los tipos de habilidades en las que los ordenadores pudieran estar bien preparados, y descubrieron que podían construir algo similar a la inteligencia que aplican los grupos de sistemas que operan de acuerdo con su propio tipo de razonamiento. “La gran sorpresa es que la inteligencia no es una cosa única”, dice Danny Hillis, cofundador de Thinking Machines, una compañía que, desde 1982 a 1994, creó supercomputadoras. “hemos aprendido que se trata de todo tipo de comportamientos diferentes.”

Usando algoritmos, basados en la probabilidad y la estadística, para darle significado a cantidades ingentes de datos, los investigadores descubrieron que no tenían necesidad de enseñar a los ordenadores cómo realizar una tarea, sino que podrían mostrar lo que habían hecho las personas bajo circunstancias similares y dejar a los algoritmos que decidan cual es el mejor camino a seguir en cada caso.

Rodney Brooks del MIT también adoptó un enfoque de inspiración biológica a la robótica. Su laboratorio diseño pequeños robots de 6 patas, que se comportaban como si fueran insectos. Lo consiguió descomponiendo cada una de las acciones de los insectos en pequeños comandos simples, por ejemplo: “Si te encuentras con un obstáculo, levanta las piernas más alto.” Cuando los ingenieros definieron correctamente las reglas y el comportamiento deseado, los artefactos pudieron determinar por sí mismos cómo caminar incluso por terrenos complicados.

insecto mecánico de 6 patas

Los frutos de la revolución de AI están por todas partes. Una vez que los investigadores fueron liberados de la carga de la construcción de una mente entera, pudieron enfocarse en construir un sinfín de pequeñas aplicaciones de IA en diferentes campos, que pocos pondrían en duda que poseen algo parecido a inteligencia!

Larry Page, cofundador de Google, dice: “Si alguien dijera en 1978: ‘Tendrás esta máquina: te permitirá escribir algunas palabras y podrás conseguir toda la información del mundo sobre ese tema’ probablemente lo considerarían inteligencia artificial en aquella época. Hoy nos parece cosa de todos los días, pero es un avance impresionante!”.

Incluso lo que antes era considerado con un proceso mecánico, como conducir un coche, hoy puede incluir colaboraciones con sistemas de IA. “Al principio era el sistema de frenado automático (ABS, por sus siglas en inglés). Ahora los coches están empezando a venir con aparcamiento automático e incluso sensores de cambio de carril”. De hecho, Google ha estado desarrollando y probando coches que se conducen con una participación humana mínima, en octubre de 2010, se había cubierto ya 225.000 km.

En resumen, estamos metidos en medio de un baile permanente con las máquinas, en el que cada vez somos más dependientes para muchas tareas cotidianas. Y, sin embargo, debido a que la lógica de los robots no está basada en la lógica humana (por lo expuesto más arriba) a menudo somos incapaces de entender o de explicar sus acciones.

Wolfram Alpha, el sitio web creado por el científico Stephen Wolfram, puede resolver muchos problemas matemáticos. También parece mostrar cómo llega a los resultados de las respuestas que aporta. Lo curioso es que los pasos lógicos que los humanos tendríamos en cuenta, son completamente diferentes de los cálculos que realiza la página web. “No hace ningún razonamiento”, dice Wolfram. “Los pasos expuestos son totalmente falsos, lo que hemos pensado fue “Como podríamos explicar todo esto a todos los usuarios que vengan y nos pregunten cosas?”!!

Eric Horvitz – ahora un alto investigador de Microsoft y ex presidente de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial – ayudó a construir un sistema de inteligencia artificial en los años 80 para ayudar a los patólogos en sus estudios, el sistema realizaría el análisis de cada resultado y sugeriría cual sería la siguiente prueba a realizar. Sólo hubo un problema – el sistema aportaba las respuestas con demasiada rapidez. “Encontramos que la gente confiaba más si añadíamos un bucle de retardo con una luz intermitente, como si fuera jadeando y resoplando para llegar a una respuesta”, dice Horvitz.

Creo que tenemos que aprender a adaptarnos. La IA es tan importante para algunos sistemas (por ejemplo, la infraestructura financiera) que deshacerse de ella sería mucho más difícil que simplemente desconectar a HAL 9000. “En cierto sentido, se puede argumentar que el escenario de ciencia-ficción ya está empezando a suceder”, dice Danny Hillis. “Los equipos están en control, y nosotros solo vivimos en su mundo.” Wolfram dice que esta situación se intensificará a medida que la inteligencia artificial acumule nuevas tareas.

Vosotros que pensáis? =)

(Adaptación y traducción del artículo original, de Wired.co.uk)

La mejor manera de utilizar los últimos cinco minutos del día

Nuestra protagonista, la jefe de una división de una empresa con la que trabajo, estaba en riesgo de ser despedida. Era una contradicción ya que su desempeño era inmejorable, ella había hecho más por la compañía en el último año que cualquiera de sus predecesores en cinco años anteriores.

El problema era que ella era difícil para trabajar. Ella trabajaba más duro de lo que parecía humanamente posible, y esperaba lo mismo de los demás, a menudo perdiendo la calma cuando los demás no ponían el mismo esfuerzo monumental que ella sí ponía. Ella también era competitiva y territorial,  quería tener la última palabra en todas las decisiones relacionadas con su división, incluso aun cuando sus compañeros tuvieran la autoridad para tomar la decisión. Ella no era buena para escuchar a los demás ni para motivarles o ayudarles a sentirse bien consigo mismos o con el equipo. Y, a pesar de que estaba trabajando a todas horas, los temas se le iban de las manos.

Pero ninguno de los mencionados más arriba era el problema por el cual corría el riesgo de ser despedida. El verdadero problema era que ella no creía que hubiera un problema.

Me pidieron que trabajara con ella, y mi primer paso fue entrevistar a todos aquellos con quienes ella trabajó. Esto me ayudaría a comprender la situación y compartir los puntos de vista con ella.
Cuando compartí con ella los comentarios que fui recibiendo, su respuesta me sorprendió. “Yo no sabía que fuera tan mala,” dijo ella, “aunque a decir verdad… no me sorprende.”.

Le pregunté “por qué?”.

“Este es el mismo feedback que recibí en mi  empresa anterior,” ella dijo, “… es más… es por eso que me fui.”

Podríamos ver a nuestro personaje y reírnos de su ignorancia. De su falta de voluntad para ver sus fracasos y, en consecuencia, a repetir. Pero la risa sería un acto reflejo nervioso. Ya que muchos de nosotros – y esto me incluye –haríamos los mismo.

A menudo me sorprende la cantidad de veces que algo tiene que pasarme para que me dé cuenta de lo que realmente está pasando. Creo que la mayoría de nosotros nos volvemos más inteligentes a medida que envejecemos. Pero de alguna manera, a pesar de esto, a menudo cometemos los mismos errores.  Por otro lado –y aunque no menos reconfortante –  a menudo hacemos muchas cosas bien y luego no las podemos repetir.

Hay una razón simple para ello: rara vez nos tomamos el tiempo para hacer una pausa, respirar y pensar sobre lo que funciona y sobre lo que no. Hay demasiadas cosas que hacer y no hay tiempo para reflexionar.

Una vez me preguntaron: si una organización pudiera enseñar sólo una cosa a sus empleados, aquello que tuviera más impacto, que sería?

Mi respuesta fue inmediata y clara: enseñar a aprender. ¿Cómo buscar en el comportamiento pasado, averiguar que funcionó y repetirlo, y admitir honestamente que es lo que no ha funcionado y hacerlo cambiar.

Si una persona puede hacer esto bien, todo lo demás funciona solo.

Así es como las personas se vuelven aprendices de por vida. Y es cómo las compañías pasan a ser organizaciones que aprenden. Se requiere confianza, ser abierto de pensamiento, y dejar ir de la defensiva todo el tiempo. Pero esto es lo que no requiere: mucho tiempo.

Sólo toma unos minutos. Cerca de cinco en realidad. Una breve pausa al final del día para considerar lo que funcionó y qué no.

Esto es lo que propongo:


Cada día, antes de salir de la oficina, tómate unos minutos para reflexionar en lo que ha sucedido a lo largo del día. Mira el calendario y compara lo que realmente ha sucedido –  las reuniones en las que has formado parte, el trabajo que has realizado, las conversaciones que has tenido, la gente con la que has interactuado, incluso los descansos que has tenido – con el plan para lo que querías que suceda. Luego pregúntate a ti mismo tres grupos de preguntas:

¿Cómo ha ido el día? ¿Qué éxitos he tenido? ¿Qué desafíos he pasado?

¿Qué aprendí hoy? Acerca de mí mismo? Acerca de los demás? ¿Qué es lo que planeo hacer – mañana – de forma diferente o igual?

¿Con quién me relaciono? Cualquier persona con la que necesito tener feedback? Dar las gracias? Hacer preguntas? Compartir comentarios o ideas?

Este último grupo de preguntas es muy valioso, hablando en términos de mantener y hacer crecer las relaciones. Se tarda sólo unos pocos minutos en enviar un correo electrónico – o tres – para demostrar el aprecio por alguien que ha tenido un acto de bondad, o para hacerle a alguien alguna pregunta, o para mantener a alguien dentro de los involucrados en algún proyecto.

Si no nos detenemos a pensar en ello, tendemos a pasar por alto este tipo de comunicaciones. Y a menudo lo hacemos. Pero debemos tener en cuenta que, en un mundo en el que siempre dependemos de otros para lograr algo en la vida, son esenciales.

Después de varias largas conversaciones, nuestra protagonista llegó a apreciar los resultados de “reducir las marchas” lo suficiente como para poder ver que los demás estaban a su alrededor. Ella pudo entender que estaba trabajando tan duro y tan rápido, que incluso si aportaba resultados de calidad, estaba trabajando en contra de sí misma, poniendo en riesgo su trabajo, y haciendo las cosas mucho más difíciles para todos.

Entonces, con el tiempo y con gran disciplina, ella empezó a cambiar. Y, lentamente, la gente lo empezó a notar. Yo sabía que las cosas iban a estar bien cuando le dejé un mensaje esperando que me llamara al cabo de varias semanas, pero para mi grata sorpresa: ella me llamó esa noche.

“Hola Lu,” dijo, “Sólo quería que sepas que he recibido la llamada y quería agradecerte que le hayas llamado. Estoy por salir con unos amigos a tomar algo, te intento llamar en un par de días, vale?”

Y, por supuesto, lo hizo.

 

 

Traducción del artículo original, que podéis encontrar en el siguiente enlace.

http://blogs.hbr.org/bregman/2011/01/the-best-way-to-use-the-last-f.html

Obsolescencia programada

En este fantástico documental, vemos como se gestiona la obsolescencia de los productos de consumo, con un solo objetivo: aumentar las ventas.

El material está presentado con un ojo muy crítico y plantea la pregunta de “hacia dónde vamos?” apuntando a la necesidad de sostenibilidad no usada por un modelo cuyas flaquezas son cada vez más evidentes.

Os lo recomiendo, a disfrutarlo!

Luciano

Nunca cerrarán al verdadero Napster

 

Hago un viaje en el tiempo y vuelvo más de 10 años atrás para encontrarme delante de Napster.

Para aquellos que no lo conocíais o que no nos acordáis, Napster permitía compartir archivos entre diferentes ordenadores, lo que se llama red P2P (peer to peer, en ingés).

Dejando de lado los aspectos legales de la copia pirata de contenido protegido por derechos de autor (paradójicamente se me viene a la cabeza ley Sinde, que también fue orquestada por el departamento de estado americano), Napster ha abierto los ojos a la primera generación de usuarios de internet, quienes se dieron cuenta lo que significaba poder acceder a todo el contenido musical que desearan, en cualquier lugar, a cualquier hora.

Napster se vio obligado a cerrar, ha sido el ruido mediático y la multitud de detractores (y por supuesto los problemas legales) lo que le han hecho desaparecer de la noche a la mañana.

Para alegría de quienes somos optimistas, “la rabia no murió cuando mataron al perro” y la gente no dejó de compartir contenido audiovisual de esta forma, ya que con el cierre de este programa aparecieron infinidades de plataformas similares que facilitaban la tarea que Napster había dejado de realizar.

El modelo de negocio de distribución de contenido audiovisual ha cambiado radicalmente en los últimos 10 años: las productoras, los distribuidores de contenido, el consumo del producto, todo ha cambiado en una industria que se ha tenido que reinventar para intentar sobrevivir.

 

Creo que podemos decir que Wikileaks es el Napster de esta segunda generación de internautas.

Podrán cerrar el sitio, podrán juzgar a los que publicaron la información y podrán pedir a los Amazon, Paypal y Mastercard de turno que les corten el suministro de servicio.

Globalizar no es solamente crear mercados, conectar servidores y hablar muchos idiomas… globalizar es también entender que la información debe estar disponible en cualquier lugar y al alcance de todos.

Wikileaks no es un ataque a la comunidad internacional (en referencia a declaraciones de Hillary Clinton), orquestar todas esas atrocidades  SI lo es.

Julian Assange no se merece que le pidan la pena de muerte, no se merece que lo arresten ni se merece el trato mediático que se le está dando desde ciertos sectores.

Él es solo el mensajero.

Si el mundo fuera un poco menos loco, menos hipócrita y menos cobarde, quizás se le podría pedir pena de muerte y arrestos a los que son responsables de los actos que están descritos en esos más de 250.000 documentos del departamento de estado americano.

 

Repito lo que decían por aquellos días los defensores de Napster: NUNCA CERRARÁN AL VERDADERO WIKILEAKS.